El blog de la biblioteca del Colegio Don Quijote

Archivo para 08/01/2013

CUENTOS DE 5º

“Alfonso y su hijo Diego”

Una mañana de invierno, Diego, el hijo de Alfonso estaba muy triste porque los moros habían tomado las tierras de su padre y él estaba cultivando y no sabían que iba a pasar.

Es verdad que el rey les había prometido la reconquista de esas tierras en un futuro no muy lejano, pero hasta entonces ¿Qué pasaría?

Diego era my tímido y muy inquieto, además cuando estaba junto con su amigo inseparable Pepe, a su padre le producía temor por si hacía algo que pudiera arrepetirse.

En esa tarde, Diego le propuso a Pepe que como podía volar debería llevar al rey una carta en su pico.

Diego comenzó a escribir una carta al rey, su padre:

Querido rey Alfonso, temo que con la invasión de los moros en la tierra de Castilla, se nos quiten las tierras que venimos cultivando en las orillas del río Guadiana, tierras que al ser tan fértiles proporcionan una gran riqueza a Castilla. Además de eso, todos sabemos que Castilla es un lugar muy estratéjico para nuestro reinado. Tengo noticias de que una Orden Militar que se encuentra cerca de nuestras tierras, será la única que nos podrá defender.

El rey cuando vió esa carta y tras meditarlo un momento, penso en dar la defensa de Castilla a esa orden militar.

Hubo muchos años de guerra y finalmente, tras muchos años luchando y de grandes sacrificios, Diego y su padre el rey Alfonso conservaron sus tierras para poder trabajarlas y ofrecerselas a sus gentes de nuevo.

Paula Pedrajas.

 

El Comerciante de Telas

Hace mucho tiempo, en la ciudad de Alarcos, un comerciante muladí que procedía de Córdoba y que vendía telas, estaba buscando al rey Alfonso VIII para comercializar con él.  Al pasar, en la puerta le pararon los guardias y le preguntaron que llevaba y él respondió:

– Telas para comercializar con el rey.-

Los guardias dijeron:

– Disculpe señor, pase.-

Entonces el comerciante pregunto a un guardia:

-¿Me puede decir donde se encuentra el rey?

– Si claro, suba al castillo y en la puerta se encontrará a su consejero, él le llevarahasta el rey.-

Siguiendo las indicaciones del guardia, el comerciante encontró al consejero y le preguntó:  – ¿Es usted el consejero del rey?-  Si, soy yo, ¿Qué quiere?- Le estoy buscando, para comercializar.- Sígame.-

Tras andar un momento por el castillo, el consejero dijo: – Señor, alguién quiere verle.-

– Hágale pasar por favor.- respondió Alfonso VIII.

– Hola señor, le traigo unas telas venidas de Oriente.- dijo el comerciante.

– A ver si es verdad que vienen de Oriente.- contestó el rey.

El comerciante le enseñó todas las telas que llevaba y el rey quedó asombrado. El comerciante le dijo:

– ¿Quiere comprar alguna señor? Y el rey le respondió:

– Si claro, pero ¿Cuánto cuestan?- Veinticinco maravedís- contesto el comerciante.

– Está bien, ¿Qué colores tienes?- Preguntó el rey.

– Míralos tu mismo.- Contestó el comerciante.

– Vale, ya he decidido, me quedaré con esta tela de color lila y esta azul. Le quedarán bien a mi espeosa.-

A la mañana siguiente, Alfonso VIII le entregó a su esposa las telas y le gustaron muchísimo, y le dijo:

– Alfonso, quiero que sigas comprando telas a este comerciante, ¡ Son preciosas !-

El comerciante quedó maravillado, además de la belleza de esa ciudad, por la gran hospitalidad de su rey.

Fin.

Lucía Almodovar Rodríguez.

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