El blog de la biblioteca del Colegio Don Quijote

Historias y Leyendas de Ciudad Real

Desde este lugar tan maravilloso podréis ir descubriendo poco a poco las grandes historias y leyendas que han ocurrido en nuestra ciudad.

Os quedaréis admirados con las grandes aventuras que han sucedido por nuestras calles. Estad atentos con las lecturas, pues son otra manera de conocer nuestra historia.

7.- Si ella se proponía algo… pues parece que lo lograba, sin más

ISABEL APUESTA POR EL COMERCIO

-Lo que te voy a contar ahora es un secreto que muy pocos conocen pero que, sin duda, vendrá a echar mucha luz sobre nuestra historia. Me consta que a otros trabajos similares al tuyo siempre les ha falta­do esta pieza. Escucha, eres libre de creer o no lo que te voy a contar.

Recién comenzado el último cuarto del siglo XV, los Reyes Católicos iniciaron la titánica tarea de recorrer cientos de comarcas buscando la unidad a través de lo que podríamos llamar una campaña electoral de la época.

Y hete aquí que en un momento de este periplo caye­ron sus majestades en Toledo. Fernando estaba exhausto y, además tenía pendiente la celebración de las Cortes con las que los Monarcas pretendían entrar de lleno en la modernidad.

Pues bien, mientras Fernando se quedó en Toledo, Isabel decidió continuar su viaje sin él, y acompaña­da de un pequeño séquito, puso rumbo a Ciudad Real. ¿Qué cómo lo sé? Pues porque yo iba con ella a su servicio. ¡Qué mujer! No te puedes hacer idea ¡Qué carácter! Si algo se le metía en la cabeza no había duda, lo conseguía.

-Era incansable -continuó con media sonrisa aún puesta-. No dejaba de repetir que lo que ella quería era un país unido pero no pegado y que era nece­sario Ir contándolo por ahí. ¡MI madre, qué energía!

Las ferias y los mercados medievales habían sido un buen punto de cohesión para España. Isabel lo sabía y quería seguir extendiendo esta forma de relación e intercambios por todo el territorio.

Nuestra ciudad, por aquél entonces, empezaba a des­puntar en textiles, pero sus paños aún no había dado el salto y la mayoría de los que se compraba en las ferias y mercados seguían llegando desde Flandes.

Probablemente, la Reina, como la mujer adelantada a su época que era, se había dado cuenta de la cali­dad y oportunidad de esa industria y, con una visión de futuro que parece haber llegado a la actualidad, quería promocionar esa faceta de Ciudad Real.

Llegamos en unas tres jornadas y la Reina pidió anonimato, de hecho no se sabe dónde se alojó. Algunos dicen que estuvo en casa de don Hernán Pérez del Pulgar quien se había declarado, por sus palabras y actos, incondicional de la Casa Real. Pero eso son solo habladurías. La verdad es que muchos creemos que la Reina se alojó en la mismísima Catedral. ¿Dónde iba a estar mejor si no?

Por la mañana se reunió con los maestros pañeros y les hizo un encargo para la corte que solo fue supe­rado, años después, por el que recibió el mercader Juan de la Sierra de la Corte de Portugal cuando la fama de los textiles de Ciudad Real ya había traspa­sado fronteras.

De hecho, Ciudad Real acabaría incluida Ordenanzas generales de obraje de paño: con Cuenca y Córdoba, al final del siglo.

Sin embargo el deseo de La Corona de considerar a Ciudad Real como una ciudad destacada; panorama nacional se vio sostenido por un lugar sin precedentes que trajo tiempos oscuros a ella.

6.-Pasaron los años y la vida nos trajo a un hombre realmente sabio

VILLA REAL, UN LUGAR DONDE VIVIR

-Construir una muralla que proteja una ciudad en la que las gentes puedan vivir sin la amenaza cons­tante de la guerra, la enfermedad o la pobreza. Un lugar en el que desarrollar actividades económicas.

Los hombres de nuestro pueblo decían que eso era lo que quería el Rey Alfonso X, una “gran villa e bona”, así la llamaron entonces y así se recuerda a esta ciudad en sus comienzos.

Buscábamos un lugar para vivir, recuerdo que los hombres estaban hartos de guerras y de la vida nómada que habíamos llevado hasta entonces.

Supimos de las intenciones del Rey en un enclave cercano a Marcos pero a suficiente distancia como para no recordar los sucesos trágicos de la Batalla de 1195. Era el llamado Pozo Seco de don Gil. Nos llegaron noticias de privilegios fiscales y donaciones de pequeñas propiedades para animar al pueblo a establecerse en un núcleo que se beneficiaría de su posición geográfica como cruce de caminos en el centro de la península.

Y el resultado de todo ello fue que un grupo de familias decidimos acogernos a los beneficios otorgados por la Corona e ir a vivir a la “gran villa e bona” de la que, por entonces, tanto se hablaba. Nosotros llevábamos en un tombo con el ganado unos tres años y al conocer estas nuevas, empezamos a soñar con algo más.

-Pero no era todo tan perfecto, esos territorios esta­ban muy divididos y sometidos a! poder de las Órde­nes Militares, especialmente a la de Calatrava.

-Cierto -continuó con tranquilidad- y no sólo eso. También sabíamos que había territorios más agra­decidos, como los murcianos, que ya estaban en vías de desarrollo.

Nosotros queríamos poner un pequeño taller de barro y, quizá una tienda, pero tú no te imaginas lo que es levantar una ciudad y más ésta con los pro­blemas territoriales, la amenaza constante de que­darnos sin la madera que, con la ley en la mano, podíamos sacar del Campo de Calatrava pero que, con los pies en el suelo, nos costaba un enfrenta-miento con la Orden Militar cada dos por tres. Y claro -Argimira dio un respingo y se ajustó el cue­llo duro de la camisa-. Cuando había problemas y no nos llegaban las perras… había que recurrir a ellos. -¿Ellos? ¿Te refieres a los prestamistas?

-No, no eran prestamistas, eran auténticos usureros. Dos familias vecinas tuvieron que marcharse a los territorios del Guadalquivir con menos que lo puesto por culpa de aquellos canallas.

Y, fíjate bien que con eso y con todo, la gran villa e bona, salió adelante. Yo creo que también tuvo importancia el tiempo tranquilo del gobierno de don Faldrique. El hermano del Rey pareció tomarse la construcción de la ciudad tan en serio como Alfonso.

La madera empezó a llegar otra vez y las calles cre­cían y se multiplicaban mientras los impuestos deja­ban de ser realmente obligatorios.

¡Ay chico! Que digo yo que el Rey tenía demasia­das cosas en la cabeza con la cultura y la moder­nización del reino como para ocuparse sólo de la Villa Real. Sí, con Faldrique las cosas mejoraron.

Mira tú hasta qué punto, que la misma Orden de Calatrava volvió a pedir su parte del pastel a cam­bio de unos favores que decían que le había hecho a don Faldrique. Pero se quedaron con las ganas, no consiguieron nada de nada.

Y ya ves en unos añitos, creo que unos cien o poco más, ya éramos Ciudad Real, eso lo hicimos posible todos y la guinda la puso el Rey Juan II en el mismo año en que se casó, 1420 y creo que las palabras que utilizó para referirse a la, hasta entonces, Villa Real, fueron: “La muy noble y real Ciudad Real”.

5.- Batallas por dioses que desde sus libros piden paz

BAJO LA PROTECCIÓN DE LOS DIOSES

– Así es padre… se ha roto el pacto en Sevilla, Jaén y Córdoba.

Las palabras del joven Yusufh sonaron como si una lija hubiera arañado las filigranas de los pasillos de palacio. Pronunciadas en voz baja por el muchacho, los oídos del padre las percibieron atronadoras. El silencio más absoluto ocupó la estancia antes del estallido de furia del Califa Abu Yusuf Yaqub al-Mansur que había creído, hasta aquél mismo instante, que su pacto de paz con los castellanos sería respetado.

El Califa cruzó los pasillos de su palacio tan decidi­do como días después cruzaría el estrecho para lle­gar a Al-Andalus.

No tenía opción, llamaría a sus hermanos almoha­des a la Guerra Santa.

Por su parte, el rey Alfonso VIII, curtido desde muy joven en las artes de la guerra, lo sospechaba.

Permitir que sus tropas se presentaran a las puertas de la mismísima Sevilla, plaza emblemá­tica en Al-Andalus para los almohades, había sido una provocación que no iba a quedar sin respuesta.

Ante lo inminente del enfrentamiento el Monarca cristiano decidió solicitar una tregua al Califa, similar a las acordadas en otros periodos, Abu Yusuf acce­dió. Parecía que las cosas se calmaban y así siguie­ron durante casi una década hasta que. Según cuentan los libros, el Arzobispo de Toledo, seguido de los no menos fanáticos caballeros de La Orden de Calatrava, decidió romper la tregua en el Valle del Guadalquivir. ¡Llegando de nuevo a las puertas de la mismísima Sevilla!

De nuevo los ojos de la contadora de historias me iluminaban unos acontecimientos que. Aun conoci­dos por los libros, se presentaban ante mí de una forma nueva y aún más desgarradora.

Esta vez no iba a haber marcha atrás. -Continuó una -mujer en cuyo semblante se podía ver claramente la tristeza-. Los de Abu Yusuf se multiplicaban poco a poco, decenas de miles de almohades habían escu­chado el nuevo llamamiento a la Guerra Santa de su : arfa y a finales de junio del verano de 1195 se preparaban para el combate junto al Castillo de Salvatierra.

El Rey Castellano espera refuerzos de León y Toledo pero lejos de replegarse y aguardar, despliega su ejército en el cerro de Alarcos, la posición más avan­zada de la Reconquista en vías de fortificación.

Y si los unos se sentían bajo la protección de su dios, los otros no eran menos.

Sueños de victorias adornan con leyendas esta san­grienta batalla en la que, si bien, en un primer con­tacto los cristianos produjeron más daño que los almohades, no había de ser así al final.

Caballería ligera y arqueros contra las sólidas armaduras de la caballería pesada de los caste­llanos, estrategia y movimientos contra esperas agotadoras.

La sangre derramada parece desprenderse de las páginas que narran los acontecimientos en cada libro, en cada palabra de los cronistas de la época y en la de los historiadores que han seguido desentrañando el misterio de una batalla que, con el paso del tiempo, parecía ganada de antemano.

En el cerro de Marcos lo saben, -y juro que en sus ojos se veía el dramático escenario de la batalla- la batalla está perdida. Alfonso VIII se lanza en un desesperado ataque y sus propios hombres tienen que detenerlo: “Señor, no hay nada que podamos hacer. Huid que aún hay tiempo”.

A partir de ahí varias versiones mezclan lo mágico y lo real. El monarca consigue huir a través de un pasadizo o entrando y saliendo por las puertas del Castillo de Marcos. Diego López de Haro queda al frente y consigue salvar algunas vidas negociando prisioneros, territorio y fortaleza a cambio de la libertad de los cristianos refugiados.

Y ese fue el comienzo del sueño de la fortaleza de Alarcos, lugar maldito y jamás reconstruido. A vosotros, a todos los que habéis decidido por fin desentrañar los misterios dormidos de las entrañas de esta noble tierra, os corresponde contarle al mundo qué ocurrió. Yo acepté el envite que ella me dictó como deber y le pedí nuevos hechos, más historias que pudieran ayudarme a descubrir esta tierra que, como sospechaba, ofrecía mucho más de lo que, en un principio, cabía suponer.

4.- Recuerdo perfectamente la primera vez que oí

algo sobre Zaida

¡HA SIDO NIÑO! ¡HA SIDO

NIÑO!

Dos lavanderas que solían bajar juntas al río, pasa­ron gritando junto a la ventana de nuestra casa. Repitiendo sin cesar que había sido niño y conta­giando una alegría que inmediatamente se coló en nuestra cocina.

Mi familia estaba a punto de cenar y todos se mira­ban con una media sonrisa en los labios. Oí cómo mi madre le decía a mi padre que Zaida lo había sabi­do hacer muy bien y que mi padre, en un murmullo, le decía que callara:

– Shhh, Shhhh. Isabel, esposa, Isabel calla, que te van a oír…

Cuando me acerqué a ellos a ver si podía entender algo más de aquel galimatías me dijeron que eran cosas suyas y que volviera a mi sitio.

Mis padres no iban a soltar paño de manera que resolví ir directamente a la fuente a hablar con las lavanderas.

Y ellas me contaron la historia de la mora Zaida.

-Resulta que Zaida era la mujer del Califa de Córdoba Al-Mamun y cuando éste vio que ella corría peligro tras el avance en Toledo de los cristianos, decidió enviarla al castillo de Almodóvar del Río con un gran séquito protector. Ella quedó a salvo, pero él no tuvo tan buena suerte.

Los almorávides, llegados del norte de África como aliados, se había revuelto contra los califas acusándoles poco menos que de falsos musulmanes por lo relajadas que veían sus costumbres. Querían tomar las ciudades más importantes e imponer su fanatis­mo religioso a cualquier precio y, durante un tiempo, lo lograron.

Mataron a Al-Mamun y pasearon su cabeza ensarta­da en una lanza, y esto que te digo me lo contaron hace bien poco, que no te creas que es una leyenda.

Yo me cubrí la cara con espanto, tenía mucha ima­ginación y era perfectamente capaz de ver caballo, jinete y lanza con toda claridad.

-Zaida supo de la muerte de su esposo y decidió refugiarse en la corte de Toledo de Alfonso VI lle­vando con ella un acuerdo para que el Rey no pudiera rehusarle su ayuda.

Ahí no pude por menos e interrumpí a la lavandera. Por muy embelesada que me tuviera aquello no había quien se lo creyera.

Vamos a ver ¿me estás diciendo que una musulmana esposa de califa, que corre peligro de muerte en va y se mete en la boca del lobo de Toledo y encima con ínfulas de ver y hablar al mismísimo Rey de negocios?

Ella se arremangó y me espetó:

-Pero mira a la señorita, ¿no quiere saber más que yo? Parecía que era su historia y que si la quería escuchаг entera sería mejor que me callara.

-Veras listilla, el caso es que Alfonso VI y Al-Mamun ya habían negociado en ocasiones anteriores Zaida venía a ser una especie de representante del Califa. – dijo la lavandera estirándose el delantal.

Yo asentí muy seria tragándome el sapo del orgullo y ella continuó.

-Dicen que en cuanto se vieron, el maduro Alfonso VI y Zaida se enamoraron locamente, que ella era preciosa, lista y discreta y que él ya no pudo separarse de Zaida a la que convirtió en su concubina primero y en su esposa después. Y aseguran -y aquí la muchacha bajo la voz y agachó el cuerpo para que nos acercáramos más  que ella tuvo por dote el mismísimo Castillo de Alarcos.

No hubo ni un comentario, solo grititos apagados y caras de asombro de las demás mujeres. Un poco más segura y orgullosa, la lavandera continuó su historia.

-En la Corte se formó un gran revuelo que amainó bastante cuando Zaida se convirtió al cristianismo con el nombre de Isabel. Durante años las cosas se tranquilizaron de nuevo y la tolerancia hizo que costumbres musulmanas, dadas a conocer por Zaida, formaran parte de la vida cotidiana de hombres y mujeres cristianos. Zaida quedó en estado y ahora… ¡ya está!

-¿Cómo que ya está?- dije yo que estaba viviendo como propia la vida de la mora conversa.

-Pero que chica más lenta, pues que ya está- repitió la lavandera- que ha tenido un hijo ¡y que es un niño!

-Pues vaya final -pensé- qué poco original. Y mejor me hubiera callado porque en ese momento otra lavandera apareció con la cara llena de lágrimas. Se acercó a nosotros sin dejar de hipar y casi en un susurro nos dio la noticia: Zaida había muerto después del parto, el niño estaba bien pero al Rey no había quien lo consolara.

Las lavanderas me mandaron a casa. A mí la his­toria ya no me parecía tan entretenida. Poco a poco la fui olvidando. Pero una mañana todo volvió a mi cabeza de golpe. Las cejas de Argimira temblaron y en sus ojos pude ver el leve chapoteo de la pena. Me sentí contagia­do de una profunda tristeza. Ella prosiguió.

-Esa mañana llegó una noticia horrible: el heredero del Rey, su único hijo, el hijo de Zaida, había muerto en una cruenta batalla llamada de Uclés cuando Sancho Alfonsez, que así se llamaba el príncipe, apenas había dejado de ser un niño. El silencio nos envolvió a los dos y yo sentí la necesidad de no romperlo.

Pasó un tiempo, no sé cuánto, hasta que ella volvió a retomar sus historias.

3.- De ciudades perdidas y oportunidades  ganadas

CRUCE DE CAMINOS

Corría el siglo I, o quizá el II, no recuerdo bien, el tiempo es tan elástico a veces… Lo que sí sé con certeza es que yo era una buena moza, eso seguro.

Trabajaba como pastora e iba y venía con rebaños por los caminos que nuestros nuevos administrado­res, en este caso romanos, nos iban abriendo por sendas que ya estaban abiertas, nuestras cañadas, pero llevándose ellos el mérito de civilizarnos hacien­do algunos cambios y poniendo un nombre nuevo. Ahora ya no eran cañadas o caminos, eran vías.

Total que un día iba yo con mis ovejas por la vía XXIX, que era la que más me entretenía por la can­tidad de viajeros que pasaban por allí, cuando me encontré en un cruce con un grupo de hombres y mujeres que decían venir de Laminium ni más ni menos, de la mismísima ciudad desaparecida de Laminium -Sabrás algo de ella ¿no?-

Mi interlocutora me interrogaba con esos ojos que me tenían entregado a su historia y que ahora pare­cían los de una chávala de quince años. Yo asentí, claro que sabía. La legendaria Laminium, la que algunos llaman ” la ciudad perdida” mientras otros aseguran que está bajo los cimientos del pueblo

Ciudadrealeño de Alambra. Me quedé pensando en las leyendas que corrían sobre la misteriosa ciudad hasta que la voz de Argimira me sacó del ensimis­mamiento en que me encontraba.

-Como te puedes imaginar aquella historia había que escucharla, de manera que dejé paciendo al rebaño en una orilla del camino y me acerqué al grupo. Parecía que se trataba de artesanos y pana­deros que habían decidido unirse para montar un negocio. Según se desprendía de sus conversacio­nes, tenían intención de abrir algo así como una fonda en el cruce para atender a los que por allí pasaban y de paso solucionarse la vida un poco.

Yo vi allí mismo una oportunidad para prosperar y me mostré amable y disponible para sumarme a su aventura. Les conté con entusiasmo que era una idea estupenda, que yo pasaba a menudo por allí y que veía muchos y diversos caminantes y grupos de viajeros buscando lugar donde descansar. Me mira­ron con ojos de sorpresa como si fuera una apari­ción o algo así y agradeciéndome el consejo me ofrecieron que me quedara como posadera. A partir de entonces mi vida iba a estar muchas veces liga­da a la hostelería.

Levantaron los muros rápidamente mientras se extendía el rumor de que había una nueva fonda atendida por una moza del lugar tan guapa como despierta en la vía XXIX. Para cuando llegó la inau­guración aquello estaba hasta arriba de gentes de todo pelaje.

Fue un gran éxito. El pan era el más crujiente y aro­mático del lugar, el vino tan refrescante como las uvas que acompañaban a las gachas tan suaves y tan sabrosas a la vez.

La verdad es que me dio lástima no poder saborear tanto los platos como el ambiente festivo que se repetía día a día un poco más, pero lo cierto es que se presentó ante mí una nueva oportunidad de pros­perar y, en esta ocasión, muy pero que muy bien acompañada.

Una noche, unos meses después de abrir, apareció Tilio, una alhaja de romano que acababa de colgar el escudo y la espada por el negocio hostelero y que llevaba unas sandalias, jamás lo olvidaré, que pare­cía que tuviera las pantorrillas cruzadas de cule­bras. Aquél romano cautivó mi corazón.

Mi romano me propuso montar un negocio similar cerca de Murum, más al norte. Creo que ahora lo llamáis Alcázar de San Juan. Y para allá que me fui con mi Tilio y sin ovejas que las dejé en la posada a cambio de unos alimentos y algunos cacharros.

Tardamos una semana en llegar, que aunque el camino era llano y bueno, había una gran distancia.

Unos meses después abrimos nuestra propia posada, algo más distinguida que la de la vía XXIX, para qué nos vamos a engañar, y pusimos unos mosaicos que ni te cuento… ¡Qué hojas de acanto! ¡Qué flores de loto! Si no los has visto no sabes lo que te pierdes.

2.- Mi Primera Historia

Recuerdo que cuando no podía dormir me contaban cuentos. Ya sé que hay quien lo sigue haciendo, pero entonces era lo habitual; a los más pequeños se les contaban cuentos y los mayores relataban sus historias que, al fin y al cabo, no eran más que eso, cuentos.

A mi me costaba dormir desde la erupción. Sí, no me mires así que he dicho bien, desde la erupción, esta tierra está llena de volcanes. En lugar de poner cara de asombro puedes darte una vuelta por Poblete camino de Puertollano. Y, si tienes paciencia, sabrás también del terremoto del siglo XVIII.

Pero vamos a lo nuestro, que hay tantas cosas que me despisto. Como te decía, no podía dormir y decidí salir a dar un paseo.

Me encontré con un grupo de vecinas que tampo­co conseguían dormir. Ellas acababan de llegar al poblado desde tierras más altas y contaban sus historias. Yo les ofrecí contarles la nuestra y cuan­do me llegó el turno comencé la narración de nues­tra primera historia.

Les conté que habíamos formado parte de los últi­mos asentamientos que se establecieron en estos bellísimos campos.

Vinimos a estas tierras porque nos habían llegado rumores sobre manantiales y llanuras, sobre un lugar perfecto para establecerse, con yacimientos minerales y sal para conservar los alimentos; un cruce de caminos en el que se encontraban los nómadas que viajaban entre el norte, el levante y el sur. Cómo sería, fíjate, que luego los romanos hicieron vías de aquellos caminos.

Total, que allí estábamos en plena Edad del Bronce en un lugar maravilloso, viviendo de nuestro trabajo, de la caza, del campo del intercambio de utensilios con otros grupos. La verdad es que estábamos a gusto y así hubiéramos seguido de no haber sido por la llegada de aquél grupo de viajeros.

Una tarde, casi a la hora del fuego, cuando todos “os agrupábamos entre la hoguera y la laguna para saber lo que había dado de sí el día, les vimos apro­ximarse con sus bestias y sus cargas. Creímos que estaban de paso. La verdad es que los niños no les prestamos mucha atención. Teníamos hambre y nuestra mayor preocupación era saber qué iba a haber para cenar. Luego, con la panza llena ya nos acercaríamos a conocer a los visitantes.

Cenamos, los hombres y mujeres volvieron a sus rutinas y los niños empezamos a sentir la picazón de la curiosidad. ¿Quiénes serían los forasteros? Y ¿por qué no se acercaban a nuestro campamento? Justo cuando unos cuantos niños y niñas íbamos a iniciar una aproximación al grupo, un murmullo y un manto de polvo nos avisó de que los recién llegados vení­an a nuestro encuentro.

Los jefes del grupo aparecieron mostrando sus intenciones sin ningún miramiento. En primer lugar querían adueñarse de nuestro poblado para esta­blecer un puesto de vigilancia en un cerro que nosotros habíamos adoptado como protector.

En aquél entonces las cosas se hacían así, sin más ni más, el más fuerte ganaba y punto. Y ellos eran más fuertes y belicosos que nosotros.

Sin embargo su segunda demanda nos gustó infini­tamente menos: querían reclutar hombres para convertirles en mercenarios de sus guerras. Como habrás supuesto se trataba de los cartagineses.

En apenas unos días todo había cambiado: nuestra casa, nuestras cosas… Y no es que tuviéramos mucho pero algunas vasijas, utensilios de hueso y piezas de bronce de esas que ahora están sacando en el -¿cómo lo llamáis?- ¡ah, sí! yacimiento arqueo­lógico, pues sí que había. Con menos de lo que cabe en ese bolso que llevas a todas partes, mi familia y yo conseguimos salir una noche del poblado. Nos siguieron unos cuantos ami­gos, creo que en aquella huida éramos unos diez más o menos.

Cruzamos la laguna para que no pudieran seguir nuestro rastro y nos dirigimos hacia el río Anas, vuestro Guadiana, en busca de un nuevo hogar donde empezar nuestra vida otra vez.

El odio y el azar se alían contra el amor

1.- “LA HISTORIA ETERNA DE LOS AMORES IMPOSIBLES”

Quisiera contarte esta historia no por novedosa, que en su esencia es universal, sino porque ocurre aquí al lado. Tres calles más abajo más o menos. Seguro que conoces el lugar, lo llaman La Cruz de los Casados y allí homenajean a mi querida Blanca y a su amado Sancho.

Por tus conocimientos y por lo que aquí llevamos contado, ya te habrás hecho una idea de que entre la Orden de Calatrava y la Villa Real no había lo que se dice buenas relaciones.

Eso era en general, pero luego había casos particu­lares en los que las cosas iban a más hasta que ya no había vuelta atrás.

Alvar Gómez era un joven muy conocido en Miguelturra, fiel defensor de La Orden de Calatrava y de sus aspiraciones por controlar todo el territorio. Que digo yo que sus motivos tendría pero es que ir a ponerles un pueblo a los de Villa real justo a las puerta de su ciudad, no deja de ser una provocación.

Claro que los de Villa Real se pasaban constante­mente a las posesiones de la Orden para coger madera con la que levantar la ciudad y construir el alcázar que la Corona deseaba.

-Pero eso estaba así acordado por el Rey, los de la Orden tenían que respetar… Mi interlocutora no me dejó seguir, en su cara se estaba dibujando una maternal sonrisa.

-Mira, en aquella época las cosas no eran tan senci­llas, si la Corona decía blanco y la Orden decía negro no se hacía una ley y todos a respetarla. No había medios de comunicación para que llegaran las noticias de las transgresiones, era más bien el “yo me lo guiso, yo me lo como” y “si no obedezco por aquí, ya haré méritos por allá para congraciar­me…” En fin, que cada cual se tomaba la justicia por su mano y así pasaba lo que pasaba.

Volvía Alvar de una de sus refriegas y se encontró su casa desvalijada, sus hermanas deshonradas y su padre muerto. Supuso, o le contaron, que los Remondo Núñez de Villa Real eran los culpables y durante años alimentó el odio hacia ellos en si mismo y, lo que es peor, en sus hijos varones, jurando años tras año que la venganza estaba próxima. Y fíjate que las cosas nunca ocurren como las planificamos.

En cada corazón prende lo que tiene que prender y en el del primogénito de Alvar Gómez, Sancho, había prendido la llama incombustible del amor y precisamente por una hija de Remondo. El drama, como sospecharás, estaba servido.

Pero nos falta un gran personaje, el del mediador.

Ese no es otro que Fray Ambrosio, el protector de la pareja, del honor de ambos y de su alma inmortal.

No quería el buen Fray Ambrosio que se perdiera nada, ni el honor ni el amor y mucho menos el Cielo, de manera que resolvió ayudar a los jóvenes hablando con sus respectivos progenitores para conseguir un enlace que aliviara tantos años de encono y rencor.

Pero, como si de un guión ya escrito se tratara, los padres de los amantes se negaron a aceptar el casamiento.

Consiguió entonces Fray Ambrosio una tregua adu­ciendo que a ambas partes les vendría bien algo de reflexión. Y entonces vino a verme. Yo era la abadesa de un convento cercano y Ambrosio había sido para mí como un hermano, nos conocíamos desde que éramos pequeños y confiá­bamos tanto el uno en el otro que no existía secreto que no compartiéramos.

-Pero Ambrosio ¿Qué estás diciendo? Blanca es el ojo derecho de su padre, la matará, lo matará… ¡Todos se matarán!

-Es una situación desesperada, ellos no quieren renunciar, Blanca está abajo esperando que tú la acompañes. La fuga es esta noche.

-¿Cómo que espera mi compañía?- dije tan confusa como dispuesta a cumplir el papel que Ambrosio me pidiera.

-Te necesitamos, una monja le dará confianza a la niña y a los que os crucéis en el camino. Yo iré con Sancho por la misma razón.

Blanca y yo cruzamos el portón del convento cuan­do caía la tarde y nos dirigimos hacia el lugar mar­cado para el casamiento y la huida de los jóvenes.

Blanca, aunque vistiendo hábito, iba luminosa. Ni paños, ni velos ni adornos, sólo una sonrisa capaz de traspasar cualquier tormenta… o casi cualquiera.

Por lo que fuera, aunque yo creo que la pinche del con­vento le fue con el cuento a los de Villa Real, Remondo apareció poseído por todos los rayos y truenos del cielo nada más terminar la ceremonia de casamiento.

Estaba dominado por el instinto de venganza, ciego de ira y borracho de desesperación, tanto que, sin mediar pregunta ni explicación, empuñó la lanza y cargó con­tra Fray Ambrosio que protegía a Blanca con su cuer­po, con tan buena suerte para él y tan mala para la muchacha que la lanza cruzó el hábito del cura en falso y embistió a la joven matándola al instante.

-Qué grito, entonces, qué grito del pobre Sancho que, sin pensarlo y ciego de dolor fue a buscar de frente al hombre que había matado a su amada. No llegó. Los hombres de Remondo acabaron con su vida protegiendo la de su señor.

El sitio era La Cruz de los Casados. Está ahí muy cerca. Dicen que junto a ella, las noches de viento y agua se oyen susurros y galope de caballos sin saberse de dónde viene.

¿Sabes en qué lugar de nuestra ciudad se encuentra?

Comentarios en: "Historias y Leyendas de Ciudad Real" (25)

  1. Hemos descurbierto donde está la cruz de los casados está en el parque de Gaset.

  2. Hemos leído la lectura, pero nos ha costado mucho. Está escrita de manera que nos ha resultado un poco difícil de comprender. Algunas palabras son extrañas, poco frecuentes y la contrucción de las frases también.
    ¡Menos mal que ya la conocíamos!

  3. Celia de 4º de primaria dijo:

    Edu la clase de 4º hemos dicho que la lectura de “Sancho y Blanca” esta un poco mal redactada, es decir que quien lo haya escrito, lo ha escrito como si estubierasmos y en año 1929.

  4. eduardo dijo:

    Hola chicos, efectivamente el lugar que habáis indicado es el correcto donde se encuentra la famosa Cruz de los Casados.

    Y efectivamente lleváis razón, algunas oraciones son un poco complicadas pero seguroi que habéis disfrutado mucho con su lectura.

    Un saludo a la clase de 4º.

  5. julián pedraza gomez 5º dijo:

    hola soy juliánj de 5.
    Me he leido la historia de la ciudad perdida , es un poco lioso .
    pero esta muy interesante asi que os recomiendo leerla

    un saludo:
    julian pedraza gomez de 5

    • julián pedraza gomez 5º dijo:

      hola soy julian de 5º:
      me he leido la historia de la ciudad perdida y es un poco lioso.
      Aunque os recomiendo leerla

      un saludo:
      julian pedraza gomez de 5º

  6. monica 5º dijo:

    Hola soy Monica y he leido la hitoria de “Sancho y Blanca”
    es preciosa y además me ha parecido una historia muy romantica

  7. Paula 5º dijo:

    Hola soy Paula y me he leido la historia de “Sancho y Blanca” y me apareciddo una historia de amor muy romantica

  8. Ha mi me a gustado mucho esta historo y el caso es que la escribi yo en el libro viajero , la pena esque la chica muere y el chico tambien, bueno da igual si no hubiese muerto el chico se hubiese muerto.

    Un saludo Pepe

  9. Marina Romero López dijo:

    Hola soy Marina de 5ºCurso y me ha gustado mucho la historia de villareal un lugar donde vivir porque nos cuenta muchas cosas espero que la leais porque es muy divertida espero que os guste.
    Adios Marina 5º

  10. Andrea Romero 5º dijo:

    Me encanta, la verdad es que las historias y leyendas de mi ciudad me apasionan.
    Me encanta saber como era la vida antes.

  11. monica 5º dijo:

    oye estoy totalmente deacuerdo con tigo Paula

  12. Aaron 5º dijo:

    Hola soy Aaron e visto la historia eterna de los amores imposibles ha estado muy bien me a gustado las leyendas me gustan mucho y mas de la cruz de los casados ha estado chachi jeje.

    Un saludo:Aaron

  13. Esther dijo:

    Hola amiguetes me ha encantado la cruz de los casados jaja porque era interesante os recomiendo que la leais.

    UN SALUDO DE ESTHER

  14. daniel 5º curso dijo:

    Hola soy daniel y he leido ”Villa Real, un lugar donde vivir”esta bien por que va de la historia de Ciudad Real aunque habia algunas palabras que no entendia
    Un saludo Daniel

  15. Marina Romero López 5º dijo:

    Hola! soy marina de 5º de primaria yo e leido la historia de “villareal un lugar para vivir” y es muy bonita y espero que la leais y os guste
    Adios Marina Romero López

  16. jaime 5º dijo:

    ¡Hola soy Jaime el de 5º yo he leido “BAJO LA PROTECCIÓN DE LOS DIOSES” ha sido una emocionante historia me lo he pasado genial leyendola trata sobre una gente llamada “almoades” se sentian la proteccion de los dioses sobre de Al-andalús (Sevilla antigüa) Bueno ya os he contado demasiado asi que adiós

  17. marina fernandez dijo:

    ¡hola! soy marina fernandez e leido vajo la protecciòn de los dioses me a gustado pero e visto una palavra que estava mal algunas palabras eran graciosas adios ya nos veremos a y soy de quinto de primaria

  18. Laura 5º dijo:

    hola me a parecido super interesantes las historias de mi ciudad CIUDAD REAL os recomiendo que las leais son preciosas.

  19. irene cano 5º dijo:

    hola soy irene cano de 5º Primaria

    Yo e leido “BAJO LA PROTECCION DE LOS DIOSES”

    a sido una Historia muy emocionante y me a encantado os recomiendo que la leais

    un saludo Irene Cano Méndez

  20. Ana 5º dijo:

    Hola soy Ana de 5º ( el mejor curso) y yo me he leido el de mi Primera Historia y quiero deciros que es muy entretenido y os lo recomiendo .

    ADIÓS.

  21. Raquel 5º dijo:

    Hola soy Raquel de 5º de primaria y he leido una historia titulada Villa Real, un lugar donde vivir, me ha gustado mucho.
    Espero que os guste=).
    ADIOS

  22. Daniela 5º dijo:

    Hola soy Daniela y he leydo la historia de “Sancho y Blanca” es preciosa me a encantado y es muy romatica.

  23. Aaron 5º dijo:

    Hola soy Aaron y he leido la proteccion de los dioses ya e leido dos leyendas la otra sera la de Sancho y Blanca me encanta leer

  24. pepe 6 dijo:

    yo ley uno solo pero seguro que me leere otro me lo pase genniaal lo volvere a hacer se lo recomioendo a todo el mundo

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