El blog de la biblioteca del Colegio Don Quijote

CUENTOS DE 5º

“Alfonso y su hijo Diego”

Una mañana de invierno, Diego, el hijo de Alfonso estaba muy triste porque los moros habían tomado las tierras de su padre y él estaba cultivando y no sabían que iba a pasar.

Es verdad que el rey les había prometido la reconquista de esas tierras en un futuro no muy lejano, pero hasta entonces ¿Qué pasaría?

Diego era my tímido y muy inquieto, además cuando estaba junto con su amigo inseparable Pepe, a su padre le producía temor por si hacía algo que pudiera arrepetirse.

En esa tarde, Diego le propuso a Pepe que como podía volar debería llevar al rey una carta en su pico.

Diego comenzó a escribir una carta al rey, su padre:

Querido rey Alfonso, temo que con la invasión de los moros en la tierra de Castilla, se nos quiten las tierras que venimos cultivando en las orillas del río Guadiana, tierras que al ser tan fértiles proporcionan una gran riqueza a Castilla. Además de eso, todos sabemos que Castilla es un lugar muy estratéjico para nuestro reinado. Tengo noticias de que una Orden Militar que se encuentra cerca de nuestras tierras, será la única que nos podrá defender.

El rey cuando vió esa carta y tras meditarlo un momento, penso en dar la defensa de Castilla a esa orden militar.

Hubo muchos años de guerra y finalmente, tras muchos años luchando y de grandes sacrificios, Diego y su padre el rey Alfonso conservaron sus tierras para poder trabajarlas y ofrecerselas a sus gentes de nuevo.

Paula Pedrajas.

 

El Comerciante de Telas

Hace mucho tiempo, en la ciudad de Alarcos, un comerciante muladí que procedía de Córdoba y que vendía telas, estaba buscando al rey Alfonso VIII para comercializar con él.  Al pasar, en la puerta le pararon los guardias y le preguntaron que llevaba y él respondió:

– Telas para comercializar con el rey.-

Los guardias dijeron:

– Disculpe señor, pase.-

Entonces el comerciante pregunto a un guardia:

-¿Me puede decir donde se encuentra el rey?

– Si claro, suba al castillo y en la puerta se encontrará a su consejero, él le llevarahasta el rey.-

Siguiendo las indicaciones del guardia, el comerciante encontró al consejero y le preguntó:  – ¿Es usted el consejero del rey?-  Si, soy yo, ¿Qué quiere?- Le estoy buscando, para comercializar.- Sígame.-

Tras andar un momento por el castillo, el consejero dijo: – Señor, alguién quiere verle.-

– Hágale pasar por favor.- respondió Alfonso VIII.

– Hola señor, le traigo unas telas venidas de Oriente.- dijo el comerciante.

– A ver si es verdad que vienen de Oriente.- contestó el rey.

El comerciante le enseñó todas las telas que llevaba y el rey quedó asombrado. El comerciante le dijo:

– ¿Quiere comprar alguna señor? Y el rey le respondió:

– Si claro, pero ¿Cuánto cuestan?- Veinticinco maravedís- contesto el comerciante.

– Está bien, ¿Qué colores tienes?- Preguntó el rey.

– Míralos tu mismo.- Contestó el comerciante.

– Vale, ya he decidido, me quedaré con esta tela de color lila y esta azul. Le quedarán bien a mi espeosa.-

A la mañana siguiente, Alfonso VIII le entregó a su esposa las telas y le gustaron muchísimo, y le dijo:

– Alfonso, quiero que sigas comprando telas a este comerciante, ¡ Son preciosas !-

El comerciante quedó maravillado, además de la belleza de esa ciudad, por la gran hospitalidad de su rey.

Fin.

Lucía Almodovar Rodríguez.

Cuentos 2º B

El Castillo de los Azuletes

Había un castillo a las afueras de un pueblo, que unos niños descubrieron cuando estaban jugando. Uno de los niños, que era el más valiente de la pandilla, decidió pasar dentro para ver qué había. Se quedó muy triste porque ese castillo estaba lleno de telarañas y de polvo, y muy abandonado. Decidió, con la ayuda de sus amigos ir todos los días a limpiarlo y cuidarlo. Con mucho esfuerzo lograron limpiarlo y restaurarlo y quedó tan brillante y tan bonito, que los habitantes del pueblo quedaron tan agradecidos que le pusieron el nombre de la pandilla al castillo: “El Castillo de los Azuletes“.

Los niños comprendieron que hay que cuidar las antigüedades y los monumentos de  nuestro entorno, y así, en un futuro, poder disfrutar de ellos.

Silvia Campos Villajos.

__________________________________________________________

Raquel Fernández Expósito 2ºB

Raquel Fernández Expósito 2ºB

Cuentos 3º B

Las Batallas de las Navas de Tolosa.

Érase una vez un caballero llamado Don José de Bartolomé. Don José vivía muy tranquilamente enla ciudad de Zaragoza, hasta que un día le llegó un mensaje de su Rey Pedro II de Aragón. El mensaje le comunicaba que debía reunir inmediatamente a sus escuderos y salir hacia las Navas de Tolosa, provincia de Jaén. tras siete largos días de viaje a caballo, Don José consiguió llegar a la villa y descansar en una humilde posada.

Mientras estaba descansando apareció un caballero de la Orden de Calatrava y le explicó la manera en la que en dos días librarían la batalla contra los musulmanes, que dominaban Al-Ándalus.

Así, el 16 de julio de 1212, el ejército cristiano venció a las tropas musulmanas y, Don José, que resultó salir sano y salvo, pudoregresar a su ciudad muy orgulloso para eguir viviendo tranquilamente.

_________________________________________________________

El Hada Encerrada.

Os voy a contar una historia que me ocurrió. Una tarde de otoño estaba paseando por el monte. Cuando salieron las nubes, empezó a llover y me refugié en un castillo totalmente destruido. En el castillo, me escondí en una cueva. La observaba fijamente por todos los lados y vi una vasija que estaba tapada por una piedra. Yo fui corriendo, la abrí y entonces…¡salió algo disparado!

Era una cosa brillante… ¡era un hada! Se llamaba María y me contó una historia del pasado que yo os voy a contar.

Los cristianos y los musulmanes estaban en guerra. El castillo era de los cristianos. Lo protegían por si atacaban los musulmanes. En uno de esos ataques, los musulmanes consguieron una de las torres y encontraron al hada. La obligaron a hacer magia y derrotar a los cristianos, que no fueron capaces de hacer nada contra sus flechas y sus espadas.

Cuando los musulmanes ganaron la batalla, echaron de allí a los cristianos y quemaron y destruyeron el castillo. Encerraron al hada en una vasija dentro de la cueva donde yo la encontré. Desde entonces hasta ahora el hada había estado allí encerrada. Por eso quiso agradecerme el haberla encontrado, concediéndome un deseo. Mi deseo fue que este castillo volviera a estar en pie.

Sandra 3º B.

Hace mucho tiempo, en un pueblo más grande de lo normal, se encontraba un castillo más raro y extraño que se llamaba Encantado.

En ese pueblo vivía una familia en la que vivían un niño y una niña. El niño se llamaba Arturo, y tenía 12 años; y la niña Alicia, que tenía 10 años. Ellos estaban muy interesados por entrar al castillo pero lamentablemente nadie había entrado, excepto una familia, La Familia Loca.

La familia Loca estaba formada por una pareja de abuelos muy raros y un poco locos, además no soportan los niños, y para ellos todo lo bonito y bueno, es malo y feo. Se llamaban Cacerolo Botín Descalzo y Ramona Loro Sardina. Ellos decían que el castillo estaba lleno de fantasmas y estaba encantado. Mucha gente los creía y otros no, pero nadie se quería arriesgar.

Arturo y Alicia no creían en lo que decían los “abuelitos locos” y tuvieron esta charla con su madre:

  • Alicia: Mamá, ¿es verdad que el castillo está encantado?
  • Madre: Pues… no lo sé pero, ya has oído lo que han dicho Cacerolo y Ramona
  • Arturo: ¡¿Pero crees en esos locos?!
  • Madre: ¡Ya basta! Me tenéis la cabeza loca. No quiero hablar más del tema. Si tenéis alguna duda preguntárselo a Cacerolo y Ramona……

Al día siguiente, Arturo y Alicia fueron a ver a los ancianos a hacerles unas preguntas. Lo único que pudieron sacar era que el castillo estaba encantando, había una gran fiera con unos dientes enormes, bla, bla,bla…..

Arturo y Alicia no creían en nada de eso y los ancianos eran muy testarudos y entonces se les ocurrió la idea de ir al castillo.

En mitad del camino, de unos arbustos, se oyó una vocecita que decía: “No vayáis, muchas criaturas horripilantes os encontrareis”. Unos instantes después de oír eso se escucharon otras voces que decían: “¡Cacerolo! Alcánzame la cacerola que no llego” Esa voz era sin duda la de Ramona Loro Sardina, y de los arbustos apareció Cacerolo que quería asustar a los niños.

Los niños dijeron a coro: “No tenemos miedo a nada”. Unos instantes después vieron una araña y Alicia se echo a gritar:

  • Alicia: ¡ahhh!
  • Arturo: Alicia, no seas cobarde

 

Pronto vieron el castillo y por fuera daba un poco de miedo, pero ellos… ¡se atrevieron a pasar!

Una vez dentro, … no daban crédito a lo que veían: las paredes eran rosas, unicornios por todos lados, flores de colores, … y la gran bestia que decían Cacerolo y Ramona que tenía unos dientes enormes, era un conejito blanco, con dientes pequeñitos.

Por tanto, todo lo que habían dicho Cacerolo y Ramona, era mentira, pero sin maldad, ya que lo que para ellos era bonito y bueno, era malo y feo.

Al final, el castillo en vez de llamarse “Encantado”, pasó a llamarse el castillo “Encantador”

Y colorín colorado, espero que este cuento tan raro os halla encantado.

 

Cuentos 4º B

El Dragón y La Princesa

Había una vez una princesa que se llamaba Elisa. La pobre siempre estaba aburrida, porque era hija única y además sus padres no le salir, siempre miraba por la ventana.

A cientos de kilómetros, vivía un dragón, Cospo era su nombre. Cuando estaba volando se acercó a la ventana del castillo donde miraba la princesa, y, al verla, se enamoró de ella.

Pasaron los meses y el dragón seguía cada vez más eamorado de la princesa, pero se sentía muy triste porque su amor era imposible.

Un buen día, el dragón se encontró con una hechicera. Cospo le contó lo que ocurría, y está le dijo que le ayudaría a convertirse en humano si conseguía que la princesa le diera un beso.

Pasaron los días, Cospo se fue acercando al castillo, y poco a poco se fueron haciendo amigos, hasta que undía le dio un beso y así se convirtió en hombre. Y, por fin, se enamoraron.

Sara M. 4ºB.

El principe justo.

Un principe vivía en un enorme castillo y quería casarse con una princesa el día de su cumpleaños su padre, el rey, anunció: la chica que le haga el mejor regalo se casara con mi hijo y será la reina del castillo. Todas las chicas del reino fueron al castillo a llevar regalos espectaculares. Pero el príncipe se fijó en una caja de madera que al abrirla estaba vacía.

El príncipe llamó a la chica y le dijo: ¿Por qué no me has regalado nada? – Porque de camino he encontrado gente que la necesitaba más y la he repartido.

El príncipe se arrodilló y le pidió que fuera su esposa. Se casaron y repartieron todos los regalos a los pobres. Y fueron muy felices.

Mario, 4ºB

Cuentos 4ºA

El castillo charlatán

Había una vez, un castillo, la reina, el rey, el príncipe, la princesa y el bebé. Una buena mañana al castillo le dio por hablar. Su voz era tan fuerte que escuchaba en toda la galaxia. La gente de su ciudad se mudaron a otro planeta que está a veinte años luz.

Los reyes se quedaron solos sin poder dormir hasta que ya no aguantaban más he hicieron un trato con el castillo. El trato era el siguiente: si el no se callaba le destruían y si se callaba no le destruían. El castillo lo aceptó y sus habitantes volvieron. Y vivieron felices y comieron perdices. Fin.

Laura Pedraza 4ºA.

La princesa Isabel y su gran castillo.

Érase una vez, una princesa llamada Isabel que vivía en su castillo como todas las princesas. Un día, pensó soy una princesa tengo que ser la más guapa de todo el reino. Por la tarde salió del castillo y corrió a la cabaña del brujo Santiago. Cuando entró dijo educadamente: “Hola, busco una poción que me haga ser la más guapa de todo el reino.” El brujo respondió: “Te la daré lee las instruciones o podrás morir”. Calla y dámela, no he venido a que un viejo me de la lata. Él se la dio. cuando llegó a su casa dijo ¡ya he llegado! corrió a su cuarto y se la bebió como si nada. Al cabo de un rato se sintió agotada y sin fuerzas, luego calló muerta en el suelo.

Dicen que sigue rondando por su castillo y esperando a que alguien entre para matarle y tener un amigo.

Elena Castañeda 4ºA.

Cuentos 3º A

La Espada Interminable

Había una vez un lobo que cada vez que veía a alguien se lo comía. Por allí, había un caballero llamado Robert. Este hombre llevaba una espada tan larga, tan larga, tan larga, que cuando luchaba su contrincante se apartaba a dos metro y todavía llegaba la espada.

Entonces, un día Robert salió al campo, y después se encontró con el lobo, la batalla estaba reñida pero ganó Robert con éxito.

Los reyes de ese reino tenían una hija preciosa y la casaron con Robert.

Antonio.

_____________________________________________________________

El Caballero Ludovico.

Hace mucho, mucho tiempo ,a principios del siglo XIII, en una pequeña aldea de Tolosa, vivía un niño llamado Ludovico.

Ludovico era un pequeño campesino muy pobre al que le gustaba ser caballero y pasear por los campos de Tolosa. Pero, aunque su sueño de ser caballero nunca se le cumplía, él vivía feliz en su diminuta choza de paja y madera.

Ludovico tenía seis años, era bajito y algo delgado. Sus ojos eran de un color azul verdoso y su cabello corto y marrón brillaba a la luz del sol, su cara era algo ovalada, siempre llevaba una camiseta rota, vieja y deshilachada. El pobre chico, lo único que hacía era arar las tierras, regar, plantar y segar el trigo. También cuidaba de su perro Alan, al que le encantaba ayudar a Ludovico en sus duras tareas.

El día de su cumpleaños, Ludovico se fue a dar un paseo con Alan por el puente, ya que le gustaba ver llegar las barcas cargadas de barriles de vino. Allí se encontró con un caballero malherido que iba a comprarle tela de seda a la reina para que ella pudiera confeccionarse un vestido, pues le encantaba hilar con la rueca, tejer y bordar mientras conversaba con sus damas.

Ludovico se preocupó mucho por él y salió corriendo a socorrerle:

– Señor, ¿se encuentra bien?- Le preguntó Ludovico-.

– Sí, pequeñín. Tan sólo me duele el pie derecho- le contestó el caballero-.

Ludovico miró y remiró las heridas del caballero y no se lo creyó:

-¿Quieres que te ayude?- Le dijo Ludovico-.

-¿Me podrías comprar tela de seda de color rosa y azul?- Le exclamó el caballero, mientras le daba tres doblones de plata-.

Después de haberle comprado lo que le pidió, el niño se lo llevó a su choza para curarle las heridas. Cuando llegaron, su familia cuidó al caballero amablemente, que en dos semanas se curó:

-Ludovico, estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por mí. En recompensa, ¿te gustaría ser un caballero y vivir en un castillo?-le susurró el caballero llamado Alonso-.

Ludovico asintió con la cabeza y se despidió de su familia.

En cuanto llegaron, Ludovico se vistió con ropa de paje. El castillo era muy grande, tenía gruesos muros por todas partes, un puente levadizo sobre un profundo foso. El rastrillo que protegía la entrada era de hierro y madera, los soldados hacían guardia en las almenas de las torres. El interior estaba iluminado por velas y antorchas, de las paredes colgaban tapices y en establo había caballos muy fuertes y adiestrados.

Ludovico aprendió a luchar con espada y escudo, limpiaba las armaduras, las armas,  se encargaba de cuidar a los caballos y a los perros de caza, y realizaba todas las tareas que le mandaban los reyes. Se convirtió en uno de sus mejores pajes.

Después de unos años como escudero acompañando al rey en las batallas y cargando con las armas de los caballeros, le regalaron unas espuelas de oro por su valentía y su fiel servicio al señor.

Más tarde, se celebró la ceremonia de Investidura, en una de las salas del  castillo, donde Ludovico se arrodilló ante el rey, que le dio un golpecito en cada hombro con una de sus mejores espadas, diciéndole:

– Te nombro caballero.

Ludovico se frotó los ojos con las manos, pues su sueño se había cumplido. Al día siguiente, todos los que vivían en la Corte Real se levantaron al oír unos gritos, que resonaron por todo el castillo:

– ¡Los moros nos atacan!

-¡Tolosa está en peligro!-gritó Alonso-.

Ludovico pegó un brinco, se bajó de la cama y fue a ver a los reyes:

-¡Rey, Reina! ¿Puedo salir a luchar?-preguntó-.

-Pues claro que sí- asintió la reina-.

En la batalla, se mataban unos a otros y los moros se acercaban cada vez más al  castillo. Entonces, Ludovico les ordenó a los soldados de guardia que levantaran el puente levadizo y bajaran el rastrillo.

Ludovico se lanzó a la batalla y se puso a luchar. Cada vez quedaron menos moros porque morían en la guerra. Al día siguiente, los moros huyeron horrorizados de la batalla porque el ejército de Ludovico les impedía entrar en el castillo y les atacaba con lanzas, espadas y ballestas.

Cuando terminó la batalla, todos los ciudadanos de Tolosa aplaudieron a Ludovico porque fue el que mejor luchó, y, además, se celebró en el castillo el banquete de honor por su victoria.

En el banquete de honor, los reyes y caballeros comieron ricos manjares, como jabalíes asados, y se divirtieron con los malabares de los juglares, las tonterías del bufón y las canciones de los trovadores.

Lucía del Valle Morales. 8 años